lunes, 21 de mayo de 2012

Desarrollarnos hasta alcanzar el límite de lo que podemos ser es normal y deseable. Pero cuando la ambición desmedida nos lleva a obtener cosas inútiles, podemos, creyendo avanzar, precipitarnos a un fracaso. En condiciones normales no deberíamos hacer esfuerzos ni preocuparnos por alcanzar el nivel para el que estamos destinados. La semilla lleva en sí el programa que cumplirá hasta ser un árbol determinado que no dará ni una hoja ni un fruto de menos o de más. Lo cierto es que debemos luchar no por “ser” sino por impedir que accidentes exteriores nos desvíen y nos impidan realizarnos… Cuando vemos otros individuos, organismos, sociedades, que sentimos más poderosos que nosotros y pretendemos imitarlos sin tener las fuerzas necesarias para eso, terminamos cayendo en su área de poder y pasamos a formar parte, con orgullo ingenuo, de un mecanismo que nos despersonaliza y aniquila.


Alejandro Jodorowsky